Un hombre de unos treinta años está cansado de vivir en la ciudad. Un día decide coger un avión cambiando así los altos edificios por las montañas de los Alpes y ser pastor, pese a no tener noción ninguna de lo que esto significa

¿Cuántos de nosotros hemos pensado lo mismo en los últimos 3 años? El ruido de la ciudad que nos aturde, las prisas que no nos dejan respirar, el sentirse solo pese a estar rodeado de gente constantemente… Pese a ello, no es mucha la gente que decide dejar todo atrás y buscar nuevas oportunidades.
En la película Bergers todo parece bastante fácil, Mathias se va a un pueblo cerca de los Alpes. A los pocos días de su estancia consigue trabajar como pastor, por supuesto no va a ser un reto fácil pero claro está que si lo fuera la película se acabaría a los 30 minutos de haber empezado. El protagonista lo tiene todo, es guapo, consigue a una chica sin apenas decir nada y de lo poco que dice todo es básico y no nos aporta nada nuevo. También quiere ser escritor, cómo no… Irse a la montaña para ser un pastor… No… No era es lo que quería, lo que quería era romantizar una bien que es muy dura y que no es comparable con la ciudad ya que es completamente diferente. Por lo tanto, tenemos a un personaje básico, que intenta transmitirnos la pasión por la montaña pero que sinceramente, no tiene en cuenta el mensaje que nos hace llegar: eres joven, es fácil cambiar tu vida, sobre todo si eres blanco ya que puedes manifestarte sin el miedo de que la policía vaya a por ti y entonces: te deportarán porque trabajas sin tener los papeles… Estamos hablando entonces de una película que no es consciente y que está creada desde un punto de vista de persona privilegiada.
Es entonces cuando todos los espectadores ríen de los chistes, se ríen de él y no sentimos pena por él porque es un hombre blanco, probablemente tenga suerte y pueda seguir su vida sin problema alguno, contrariamente a otros pastores que han venido de Marruecos y que han emigrado por una necesidad más precaria que la del joven aprendiz de pastoreo canadiense.

Y entonces me pregunto, ¿es esta de verdad la mejor película canadiense? Una película que se basa en un libro pero que no aporta nada nuevo, cayendo en la narración interna – demasiado poética y redundante – que no alcanza diferenciarse de adaptaciones hechas anteriormente de cualquier otro tipo de obra. Crear debería de significar ir más allá, transmitir desde otro lugar que muchos no pueden ver con facilidad y no escoger siempre el camino más fácil, que claramente se utiliza porque da ofrece una seguridad de triunfo.